Cuando las relaciones se perciben inseguras, la energía se consume en anticipar, evitar, complacer, explicar y sobrevivir. Cuando las relaciones se vuelven más seguras, las personas pueden estar más presentes, pensar con claridad, comprender sus propias necesidades y actuar según sus valores. Esto no se limita a relaciones románticas. Las mismas dinámicas aparecen en familias, amistades, lugares de trabajo, liderazgo, trabajo con clientela y sistemas sociales más amplios. La seguridad relacional es una cuestión de bienestar; también de desempeño, eficacia organizacional y sostenibilidad social. La seguridad relacional es también una cuestión de salud: la investigación asocia la exposición prolongada a relaciones dañinas con efectos duraderos en la salud, el trabajo y la vida familiar, a menudo años después de que el daño haya terminado. Por eso importa el reconocimiento temprano: acorta la exposición.